miércoles, 17 de febrero de 2010

Coma Vella 2005 ( en Moo)


Roger Viusà (1978)

José María Gutiérrez "Guti" (1976)



Hace unos días estuve en el Moo, en el hotel Omm (Rosselló, 265). Antes de ir repasé un artículo de Pau Arenós titulado “Hay que probarlo”. Si Pau Arenós lo dice yo, si puedo, le hago caso. Por Pau Arenós, a veces, en París me voy a comer un cruasán a la pastelería de Hermé y sueño con ir un día al restaurante Dom de Alex Atala en San Pablo (Brasil).
El Moo fue ideado y supervisado por los hermanos Roca y tiene una estrellica Michelin. El chef es Felip Llufriu (1977) y, extrañamente, el día que fui el sumiller Roger Viusà (1978) hacía funciones de mâitre. A mí me soñaba el careto de Viusà, luego he mirado y resulta que fue elegido mejor sumiller de Europa en Londres por la Worldwide Sommelier Association. La verdad es que nos trató muy bien y con gran naturalidad.
Me comí un menú de mediodia de 45 euros (de lunes a sábado) y para beber un Coma Vella 2005.
Me pareció muy barato, mucho más barato que la típica cena de sábado noche 40 pavos de cualquier local asqueroso del Born.
Ahora resulta que la gente de mi edad son los mejores sumilleres del mundo y dirigen cocinas de restaurantes excelentes. Para mí es difícil de asumir porque yo me siento como un niño. Un niño chico. Unos han triunfado y se retiran , otros empiezan a triunfar.
La realidad es que te haces (me hago) mayor. ¿Cómo lo descubres? Tus (mis) amigos empiezan a ponerse mujer de la limpieza. Vas a un restaurante, te atiende un sumilller cojonudo y tiene un año menos que tú. Eso y que los futbolistas de tu (mi) generación están en el ocaso de sus carreras (Raúl, Guti, De la Peña, Etxeberría...).
Guti, mi admirado Guti. Puede convertirse a poco que se lo proponga en el mejor futbolista de su generación ¡El George Best español! Si yo le asesorará le obligaría a hacerse amigo de Joaquín Sabina y David Trueba y le liaría con Leonor Watling (¡se terminaron las amistades y novias garrulas!). Así se crea un mito y Guti tiene suficiente talento para convertirse en un mito.

Cada día que pasa me caen peor los críticos. Excepto los críticos gastronómicos, como Pau Arenós, que supongo que comen gratis y son siempre generosos con los locales. Alguien debería criticar a los críticos porque creo que ya está bien.
Digo esto porque hace unos días vi El cónsul de Sodoma (basada en la excelente biografía que escribió sobre Jaime Gil de Biedma el gran Miguel Dalmau). Resulta que la han masacrado. Probablemente no sea una gran película pero no es ni mucho menos tan mala como dicen por ahí.
Es muy sencillo, yo leí el libro hace unos meses y no todos los días se estrena una película en la que salen Jaime Gil, Juan Marsé, Carlos Barral, Colita, Ricardito Bofill...En fin que como la vi con ganas pues no lo pasé tan mal. De momento ésta es la mejor peli que he visto sobre Jaime Gil de Biedma (es la única que hay). Por tanto, la tomo, la veo y la disfruto. El día que haya cinco pelis sobre Jaime Gil de Biedma ya hablaremos.
Después sale Berta Marsé diciendo que no reconoce a su padre en Álex Brandehmul. Hija mía: ¿Tú crees que la hija de Gauguin hubiera reconocido a su padre en el papel que hizo Anthony Quinn?,
No he visto la última película de Fernando Trueba pero he leído tres o cuatro críticas y la masacran. Es imposible que sea tan mala como dicen esas críticas. Seguramente será floja pero seguro que tiene algún buen momento. Sin ver la película ya sé que se les va la olla a esos miserables.
Debería de empezar a existir una sección en la prensa de crítica de críticos porque me tienen hasta los huevos con su mezquindad de fracasado que disimula que no le importa ser un critiquillo de mierda cuando es evidente que a los dieciocho años soñaban ser un director de éxito un escritor de prestigio.
Obviamente me refiero a los críticos destructivos porque algunas excepciones hay.
Siempre lo he dicho: la crítica de prensa (otra cosa es la reflexión de un libro) debería empujar al consumo de la novedad y sino no critiques. No me hagas perder mi tiempo leyendo que esto es una mierda. Cobrar por insultar al currante, al artista o al artesano, al verdadero protagonista, debería de estar penado. Dile a tu jefe: “No voy a criticar tal peli porque no me ha gustado”. No critiques lo que no te gusta porque me das mal rollo. NO COBRES ESA CRÍTICA, MISERABLE.